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30 oct 2011

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Camino de Merida a Campeche hay varias señalizaciones de ruinas. Muchas de ellas continuan el estilo Puuc que prolifera un poco más al norte.

Las ruinas que fuimos a visitar Acanmul y Kankí, a pesar de estar señalizadas en algún punto del camino no son demasiado fáciles de localizar, sobretodo Acanmul, que a partir de cierto punto resulta prácticamente imposible de encontrar. Para llegar sin perderse hace falta seguir las siguientes instrucciones:

Desde la carretera general que va a Campeche hay que tomar una desviación hacia Chamblas desde Hampolol. (Justo ahí es donde debe aparecer un cartelito azul de ruinas típoco de la zona). Acanmul está pasado el pueblo de Nachehá, siguiendo la carretera todo recto hasta tomar el desvio al pueblo del mismo nombre, en Nachehá hay que tomar una carretera de terracería, a unos 4.5km una salida casi oculta a la derecha, junto a una curva. Entrando por la pista de tierra el sitio está en la primera bifurcación, a mano izquierda. No tiene pérdida (je, je, je).

Acanmul es un pequeño sitio en el que se ve se han estado haciendo trabajos de investigación los últimos años. Hay algunos carteles escritos a mano que indican las estrucuturas y resulta sencillo de visitar (a pesar de encontrarse un poquito escondido). Está cubierto de vegetación pero el tamaño de las estructuras es importante y se encuentran en bastante buen estado. Tal vez por sí sólo no merece la pena un viaje tan largo, pero estando en la zona resulta curioso de ver y uno puede sentirse un descubridor del XIX. Ya me gustaría a mi dibujar como Catherwood!!


Nuestra nota: 6.5/10
Lo mejor: Lo que nos reimos hasta encontrar el sitio (preguntamos como a 4 personas y una aseguró para sus adentros que no lo encontraríamos, curiosamente fueron las indicaciones de ese último las que nos llevaron al lugar). Lugar para ver en soledad.
Lo no tan bueno: En realidad no tiene nada malo, pero es un lugar pequeño y no tan espectacular.
Recomendamos: Seguir las indicaciones si no queréis pasar media mañana buscándolo. 




En Tenabó, pasada la PEMEX está el desvío a Kankí. Hay que llegar por la carretera hasta el pueblo del mismo nombre a unos 15km, adentrándose en el pueblo llegar hasta el cartel que señaliza el "camino" al sitio de unos 500m. Bastante más sencillo de localizar que el yacimiento anterior.

El lugar tiene un centro de interpretación (un chamizo con un bote de basura) y está algo más organizado que otros que hemos visto, aun así no encontramos a nadie que vigilara el lugar.

La ciudad se compone de una sucesión de plazas (10 en total) comunicadas unas con otras en las que se pueden ver algunas subestructuras que quedan en pie.

El sitio, de estilo arquitectónico Puuc, resulta curioso por esta sucesión de patios, pero hay pocas estructuras realmente a la vista y lo que más llama la atención son los túmulos de rocas unos tras otros. LLegados a la parte principal del sitio se pueden observar algunos detalles como columnas o algún friso. El sitio está algo retirado y no es muy conocido por lo que lo visitamos completamente solos.


Nuestra nota: 6.5/10
Lo mejor: Resulta curioso el sistema de Patios, hasta que comienzas a seguirlos parece que no hay mucho que ver, pero el sitio es grandecito. Los árboles de peluches, rodean todo el sitio
Lo no tan bueno: Cuidado con el suelo que pisas. Hay zonas con pozos que casi no se ven y el terreno es bastante accidentado. En época seca hay millones de bichines que te siguen.
 Recomendamos: Pasear por todo el complejo, no es muy grande pero ya que se va merece la pena verlo entero. 




13 sept 2011

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"Si bien lo miran, no hay nadie que no experimente, en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los míos respecto del océano."  Moby Dick (1851)


El tiburón ballena es el pez más grande de la tierra. Su longitud puede alcanzar los 12 metros y se cree que habita nuestros océanos desde hace más de sesenta millones de años. Se trata de un animal extremadamente bello, elegante y único. Nadar junto a ellos es una actividad accesible a todo el mundo pero no por ello deja de ser una de las experiencias más conmovedoras y alucinantes que he disfrutado en mi vida.

Practicada exclusivamente durante la temporada de migración (de junio a septiembre) este fenómeno es algo que nadie debe perderse si visita el área durante esta época (sobre todo julio y agosto).

Para nadar con estos pececillos en Yucatán hay dos opciones:
  • Llegar hasta la isla de Holbox y contratar allí la embarcación para la excursión
  • Salir desde el embarcadero de Punta Sam a unos 15 min del centro de Cancún. 
Nosotros optamos por la segunda opción. ¿Por qué? A pesar de ser Holbox un enclave paradisíaco se encuentra un poco lejos de Cancún y con un poco de mala suerte y después de llegar hasta allí si no hace buen tiempo te puedes quedar sin ver los tiburones.

Punta Sam es una apuesta segura. Está cerca del centro y la zona de avistamiento suele tener una mayor concentración de tiburones (también de otras embarcaciones). Si queréis ir a tiro fijo recomiendo esta opción. Si estáis buscando algo más de aventura mejor ir desde Holbox.
La excursión debe hacerse con una embarcación autorizada y con guía. Es una actividad muy vigilada puesto que se trata de preservar la seguridad de los animales para que se siga realizando a lo largo de muchos años y es algo que deja mucho dinero del turismo. Hay cientos de agencias que ofrecen la visita. Ojo con los precios, el tiburón ballena es el mismo para todo el mundo y lo que ofrecen unos y otros también es muy similar. El precio puede rondar desde los 2000MXN hasta los 900MXN (algo un poco más económico si eres local y persistente) pero no penséis que por pagar más lo pasaréis mejor. Ya os digo que la excursión es la misma y los tiburones con los que nadas también.

El tour que ofrece la mayoría incluye todo el equipo de snorkel (chaleco obligatorio si no llevas neopreno), bebidas sin alcohol, unos sandwiches y un ceviche fresquito para después de la actividad, además de un snorkel cerca de isla mujeres. Ah!! y lo más importante, al menos dos inmersiones con el tiburón ballena. Algunos te van a buscar al hotel, aunque si te ahorras un dinero igual ni merece la pena y se puede llegar hasta Punta Sam en colectivo.

Las barcas suelen salir a las 8 así que con estar allí media hora antes si todavía no has contratado nada puedes conseguir una excursión al momento. Después de la salida la lancha navega durante una hora más o menos (depende la zona en la que se encuentren, pero ronda entre los 45min y una hora y pico) hasta que se avistan los primeros tiburones o las primeras embarcaciones. Los lancheros se avisan entre sí para llegar más rápidamente ¡Hay tiburones para todos!

Cuando se avistan las primeras aletas dorsales en el agua uno no puede contener la emoción, a medida que te calzas las aletas y preparas tu máscara y tu tubo es inevitable sentir como se acelera el pulso, parece increible que estés ahí y te vayas a lanzar al agua. Pero así es.

¡Vamos, vamos, vamos! Palabras claves para tirarse al aguna junto con el tiburón. Sólo queda sumergirse y nadar... En ese momento el mundo que te rodea deja de tener importancia, los compañeros de expedición, la embarcación, es como si desaparecieran. El ritmo de tu respiración y los hipnóticos movimientos del tiburón ballena te sumergen en una atmósfera única e irrepetible. Se trata de un experiencia completamente personal e individual que cada uno vivirá a su manera.

Después de unos minutos te quedas sin aliento. Tus aletitas y tu pequeño cuerpo no puede hacer nada contra ese portento de la naturaleza. Con un par de impulsos de su cola te deja atrás y exhausto.

Poco más se puede decir de esta actividad, sólo queda recomendar, a todo aque que pueda, que no deje de realizarla. El subidón de adrenalina en el cuerpo después de nadar con uno de esos bichitos es incomparable, al igual que la siesta que viene después, de esas que se escapán de las manos....

El video publicado a continuación es obra de Irene G León, al igual que las fotografías publicadas. Muchas gracias por el material y vuestra generosidad.

Nuestra nota: 9.5/10 (esta nota ha sido dificil, parte de la expedición pasó todo el paseo en barca mareada, finalmente he decidido dejar la nota alta porque yo no me mareé y me ha tocado a mí escribir la entrada ;-) )
Lo mejor: Nadar con tremendo animal. Nadar a un costado, muy cerquita, para que el tiburón te arrastre con su estela y cueste mucho menos llevar el ritmo, sensación única.
Lo no tan bueno: Mucha gente, si eres sensible te puedes marear en el barco y eso es desagradable, el arrecife donde se bucea no está tan bien. 
Recomendamos: Llevar tu propio (o prestado) neopreno para no nadar con el chaleco. Regatear al máximo para conseguir un buen precio. Ir finales de Julio y Agosto. No perder la oportunidad de hacerlo!

20 abr 2011

¡Cuando se nos mete algo en la cabeza no hay quién nos pare!

Para un par de locos como nosotros ver el mapa maya de Campeche es como una tienda de caramelos enfrente de un colegio. ¡Lo queremos todo! La zona está plagada de pequeños sitios, algunos más restaurados, otros apenas unos restos y todos muy interesantes...

Debido a nuestra agenda debíamos escoger los sitios que fueran un poco más "accesibles" y que merecieran la pena visitar. Así que dentro de la Ruta de Rio Bec introdujimos los sitios de Hormiguero y Rio Bec como excursiones más alternativas de la ruta. Sin duda alguna fue un acierto total.


Hormiguero 11La primera jornada por la tarde nos acercamos a Hormiguero. Hay una señalización en el crucero principal de Xpujil que lleva hacia allí. Siguiendo esa carretera (perpendicular a la carretera general) llegamos hasta una señalización a la derecha que lleva al sitio. La carretera comienza asfaltada pero poco a poco se va convirtiedo en una terracería. El camino en sí mismo es espectacular. Cada vez más frondoso, cada vez más selvático, con la luz y el ambiente cambiando mientras avanzas. Una vez allí nos llevamos otra gran sorpresa: entrada libre. Supongo que no mucha gente se aventura hasta allí y por eso han retirado el precio de la entrada.

El sitio no está completamente excavado, apenas tiene dos estructuras restauradas, aunque es fácil distinguir multitud de monticulos en los alrededores y alguna que otra plaza cubierta de vegetación. Aun así la visita es impresionante y ese par de estructuras merecen todo el paseo.

Aqui podemos observar otra portada zoomorfa muy bien conservada. Uno no se cansa de ver esas "monstruosidades".
Hormiguero 01
Nuestra nota: 9/10
Lo mejor: La situación. Hasta ese momento la mejor.
Lo no tan bueno: A pesar de una experiencia cercana al 10, se echan en falta más estructuras restauradas.
Recomendamos: Recomendamos recorrer con detenimiento la zona, descubrir las plazas ocultas y los "tuneles" de excavación en busca de estructura y otros tesoros...



Al día siguiente nos esperaba el plato fuerte de toda esta aventura: Rio Bec. Nuestro sentido común nos indicaba que si todo el estilo de la zona se llama Rio Bec, el yacimiento con el mismo nombre no nos lo podíamos perder. Buscamos información en internet y en varias guías y la verdad que no encontramos mucho que sirviera de ayuda. Gracias a este lugar decidimos escribir este blog, para poder facilitar a otra gente acceso a este tipo de lugares.

Para llegar a Rio Bec primero hay que llegar al Ejido Veinte de Noviembre. Hay que tomar la carretera 186 de vuelta hacia Chetumal y en el primer desvío a la derecha encontramos la desviación bien señalizada. Hay que seguir la carretera hasta el final, ya que termina en el pueblo. Una vez allí sólo existen las siguientes opciones:
    Rio Bec 04
  • A la entrada del pueblo hay una pequeña casa violacea, el guía del pueblo vive allí. Recomendamos hablar con él. Es una de las pocas personas con las que es sencillo entenderse en la zona, aunque no siempre puede ayudar (como en nuestro caso). Si váis con un 4X4 o hay alguno disponible para alquilar en el pueblo, él se hace cargo de llevaros hasta el sitio, siempre que no sea época de lluvias (en ese caso el acceso es casi imposible por carretera).
  • Aventurarse por el camino en busca del sitio. En época seca y con un buen todo terreno puede hacerse. Los franceses a cargo de la excavacion lo hacen cada año y arreglan un poco el camino. Nosotros recomendamos hablar con los lugareños y no ir por tu cuenta.
  • Si ninguna de las anteriores funciona, alquilar unos caballos y contratar un guía. Esta fue nuestra opción y resultó ser toda una experiencia (unos 750MXN por persona, o según negociación). Es una opción nada barata, pero creemos que ha merecido la pena.
El camino a las ruinas a caballo dura unas 4 horas, y se toma la misma carretera que lleva al Ejido hasta el final, que se convierte en una terracería. Más adelante están construyendo unas cabañas mayas para recibir turistas, pero apenas estaban empezando cuando nosotros llegamos. La idea nos pareció fenomenal. Adentrándose por el camino finalmente tomamos un desvío por el monte. Cruzando parte de la selva, tuvimos oportunidad de ver la milpa (cultivo tradicional del maíz con calabaza y frijolitos) de la zona, atravesamos bosques de vegetación frondosa y esquivamos por el camino arañas gigantes.

Después de una buena sobredosis de selva y de caballo, y justo cuando creíamos que ibamos a morir del dolor de llevar montados varias horas en esos caballos de juguete (bien pequeñitos) llegamos a Rio Bec: una serie de ruinas esparcidas en mitad de la selva. Hay algunos carteles manuales realizados por la gente que está excavando el sitio en verano. Aún así parece que uno ha llegado al fin del mundo.
Rio Bec 20
Rio Bec 27
Rio Bec 50Nos quedamos sin palabras al llegar. Dejamos a los caballos descansar y permitimos que nuestro guía nos llevara entre las diferentes ruinas.

La visita no es muy larga, y sin duda tardamos mucho más en el camino, pero la vista de esas estructuras nos hizo olvidar el mal trago del camino (para nosotros no acostumbrados a montar a caballo).
A la vuelta nos llovió parte de la ruta, lo que provocó que se despertará un poco la selva a nuestro alrededor. Monos aulladores, todo tipo de pájaros y hasta oimos rugir a un jaguar. Una experiencia inolvidable. A unos 7 km de la meta Jesús dijo basta, se bajó del caballo y continuó todo el camino andando. Nosotras le acompañamos durante parte del trayecto, pero sólo un par de kilómetros. Berta y yo decidimos dejar nuestra dignidad intacta a la llegada al pueblo. Ya se encargaron nuestros amigos mayas de troncharse de Jesús, que era más grande que el propio caballo.

Al llegar teníamos el cuerpo molido y lleno de marcas del maltrato. Estabamos cansados y doloridos por montar esos caballos. Sopesamos si había merecido la pena el viaje, por ese dinero y ese dolor y no lo teníamos del todo claro. Hoy, después de este tiempo, lo sabemos seguro. Mereció la pena cada instante. Ahora que el daño se ha difuminado con el recuerdo de las ruinas entre la vegetación sólo recordamos lo impresionante del camino, el paisaje y la fauna.

Nuestra nota: 9/10
Lo mejor: Experiencia única, ahora sí somos auténticos exploradores. Nuestro guía local. Su conocimiento de la zona, sus historias, su relación con los antiguos mayas...
Lo no tan bueno: Caballo, caballo, caballo. Dios, todavía duele cuando lo recordamos.
Recomendamos: Ir con un guía local. Cambia totalmente la experiencia. Ir sin prisa, el sitio está lejos (unos 17 km), llevar algo de comer y de beber ya que pasamos todo el día fuera. Antimosquitos. Cuidado con las garrapatas. Ir, a pesar de los pormenores.



10 abr 2011

Aún dentro de los límites del Estado de Quintana Roo, y a unos 30 km. de la desviación de Kohunlich por la carretera de Escárcega, hay pueblito llamado Caobas. Hacia allí nos dirigimos con la intención de visitar un yacimiento del que habíamos oido hablar: Chacan Bacan. No vimos señalización para llegar al sitio, y ya dentro del pueblo paramos en una tiendecilla para preguntar por cómo llegar allí. No dijeron que no se podía visitar, que los arqueólogos estaban trabajando todavía, pero mas o menos nos indicaron por donde estaba el camino que llevaba hasta allí.

Después de tener que preguntar un par de veces mas, incluyendo a un coche de policía, nos indicaron exactamente cual era el camino. Estaba cerrado con candado. Y se veía una enorme pirámide entre la selva en la lejanía, a un par de kilómetros de distancia. No me lo pensé dos veces y decidí saltar la barrera y acercarme, pedír permiso a los arqueólogos para que nos dejaran pasar y volver a buscar al resto de nuestra expedición para que pudieran visitar el lugar. Creí que lo mejor sería ir solo, ya que comenzaba a chispear y acostumbrado a trotar por el campo, me podría mover mas ligero. Marta y Berta se quedaron en el coche a esperarme.

Los primeros cientos de metros fueron muy agradables, por un camino entre campos de cultivo, hasta una segunda barrera (que también tuve que saltar). A partir de ahí me interné en la selva, entre sucesivos chaparrones y con el cielo encapotado. Ya no se veía la pirámide, pero me imaginaba donde estaba. El primer problema fueron las encrucijadas de caminos entre la selva, que convirtieron mi paseo en una lotería, y se ve que fallé la combinación, ya que en lugar de acercarme al sitio en el que yo pensaba que encontraría el yacimiento, la ruta me llevaba mas lejos, entre árboles y campos. Me hinché de ver pájaros de todos los colores (naranjas, azules, inidentificables) pero de la pirámide ni rastro. decidí volver sobre mis pasos e intentar otra ruta.

Finalmente hallé una especie de campamento entre la jungla, con chozas y palapas, con ropa tendida y zapatos en los porches, pero ni un alma. Pensé que tal vez los trabajadores estarían en el yacimiento. Pero ni rastro de éste. La verdad es que el campamento bien podría ser de arqueólogos, de narcotraficantes, o de la guerrilla zapatista, así que algo inquieto por un posible encuentro sí que estaba... Al fin, tras un largo rato de recorrer senderos, reconocí montículos de escombros cubiertos de vegetación, restos de una ciudad maya inexcavada en medio de la selva. Y llegué a una plaza cubierta de árboles de la que partía una enorme rampa, que conducía hacia la pirámide, por fin.

No había nadie, ni un ruido, aparte de los cantos de aves y el rumor del chaparrón. La pirámide era muy alta, y casi todo su costado estaba cubierto de toldos de techo de hoja de palma. Mientras subía pude ver que, en proceso de excavación y restauración, había una serie de espectaculares mascarones escalonados, muy grandes, y con un estilo muy diferente al que habíamos visto hasta ahora, con un aire olmeca. Subí hasta arriba para ver la vista, y me fijé que la zona de la que venía estaba mas lejos de lo que pensé al principio, con lo que la pirámide era mas grande de lo que calculé en la distancia.

Me había entretenido mucho tiempo, así que decidí regresar deprisa a donde me esperaban las chicas, ya que sin cobertura móvil (evidentemente) no podían saber que todo iba bien. Troté un rato mas hasta salir de la selva, y junto a la segunda barrera me encontré a Marta y a Berta, que me esperaban preocupadas, después de haberse imaginado mil historias para mi retraso. Como se había hecho tarde, ya no tuvimos tiempo de volver con ellas, así que lo dejamos para otra ocasión. Todo fue muy bien, vi el yacimiento entre la selva y los mascarones, y ya me se el camino para la próxima vez.

Nuestra nota: 8'5/10
Lo mejor: La experiencia de buscar entre la selva, y, por supuesto, esos mascarones increibles.
Lo no tan bueno: Por culpa de la cubierta vegetal es complicado hacer fotos a los mascarones.
Recomendamos: Si no sois un poco aventureros, esperar que abran el yacimiento para visitantes. Si lo sois, id en fin de semana para colaros, ya que no parece que haya nadie en la zona.

15 mar 2011

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Pero estabamos hambientos de aventura.

A la mañana siguiente fuimos en busca de las ruinas de Yaxuná. Hay que tomar la carretera hacia el sur de Chichen Itzá y llegar a Xcopteil, siguiendo la carretera aparece un cartel destartalado de las ruinas. Hay que seguir la terracería durante unos cientos de metros hasta llegar al sitio. No hay entrada, no hay caseta, no hay nada... Sólo ruinas y maleza.

Aquí podemos ver el "aparcamiento"de Yaxuná y el público en general.

El yacimiento está desperdigado en unos cuantos kilómetros cuadrados y tiene algunas estructuras más o menos reconstruidas nada más llegar. Nos pudimos subir a algunas de ellas para tener una vista más general. Además de algunas estructuras piramidales se pueden adivinar un juego de pelota y algunas plazas. La acrópolis Norte, la mejor conservada y más espectacular se encuentra realmente escondida. Tardamos unos 45 minutos en encontrarla desde que llegamos introduciéndonos por cada matorral del lugar.

Al final dimos con el sitio gracias a un palo que Jesús encontró y con el que iba retirando las ramas (como si fuera un machete y un machote). La zona es realmente atractiva y se pueden contemplar decoraciones en las banquetas muy bonitas. Precisamente acercándonos a ellas sufrí el ataque de una araña gigante que se posó en mi brazo. Luché con el palo y gran templanza hasta eliminar al enemigo y seguí el camino hacia delante. (Igual no pasó exactamente así...)

Un rato después de mi ataque de histeria, digo de mi lucha titánica con el monstruo, continuamos la expedición por el sitio.

Nuestra nota: 6/10
Lo mejor: Literalmente explorar la espesura de la selva en busca de las ruinas, estar completamente solos en el sitio y sentirse como los pioneros. Especial para aventureros.
Lo no tan bueno: El sitio es sencillo, está abandonado y es complicado ver correctamente las estructuras. Arañas gigantes.
Recomendamos: Llevar antimosquitos a granel, pantalón largo y algo para apartar las ramas.

Después de la aventura y el susto decidimos buscar otro lugar para refrescarnos. Como hacía no mucho que habíamos estado en Ek Balam pensamos en el Cenote que está dentro del sitio, el Cenote X-canche. Una vez pasada la caseta (no hace falta pagar) y tomando el camino hacia las ruinas hay una desviación a mano derecha que va al cenote.

El cenote está a unos dos kilómetros de allí y hay 3 opciones:
  • Caminar
  • Alquilar una bici (60 MXN)
  • Alquilar una bicitaxi (70MXN)
Nosotros probamos las dos últimas opciones. Jesús en bici y yo como una reina, en bicitaxi. Comentario a parte merecen las bicicletas en la zona. Todo el que se precie tiene una bicicleta de carga para leña, la familia, etc... Me contó mi "taxista" que cada día se hacía 14 kilómetros en la bici para ir a trabajar al cenote y que sólo les pagaban el día que llevaban clientes, que en época baja son entre 1 o ninguno. Por lo menos ese día iba a cobrar, aunque en las cuestas arriba notaba yo que perdía un poco el aliento...

La zona del cenote está preparada para la aventura. No sólo puedes bañarte en el cenote (de tipo abierto) sino que también se pueden prácticar deportes de aventura, como tirarse en tirolina sobrevolando el cenote, ciclismo, etc... Hay merenderos y una zona de hamacas para relajarse después del baño. El cenote es grande y muy bonito, lástima que también hay bastante gente y carece de privacidad.


Nuestra nota: 7/10
Lo mejor: Que te lleven en carrito y refrescarse en esas aguas. Si te gusta la aventura, las opciones extras (con cargo, por supuesto)
Lo no tan bueno: Algo transitado y el escándalo de los que se tiran en tirolina.
Recomendamos: Tirarse en las hamacas un rato después del baño, relax total.